Tomando con Bicocca

Bicocca, protagonista de estas narraciones, es una de estas personas callejeras, de las que se dice que la casa no se le caerá encima, y a la que le encantan los eventos gratis y encontrar las mejores ofertas, es decir persigue bicocas.
Acompañaremos a Bicocca en sus andanzas por autobuses y tomando en bares, restaurantes y otros locales de Palma y nos enteraremos de lo que ve y oye decir en las mesas vecinas, en lo leído en la prensa del día y, eventualmente, en recuerdos de hechos ocurridos en el pasado en los mismos locales. También sabremos de sus eventuales conversaciones con selectos personajes y de sus propias deducciones y de sus originales poemas, creados principalmente bajo los efectos del café, la cerveza y el vino.

Organiza y participa en Rutas Guay del Toroldo Fan Club, leyendo estas narraciones y poemas enfrente de los Locales Guay donde se crearon y también leer, comentar y debatir otros textos de los demás Libros de Antroom

Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, a Bicocca se le ocurre un poema.
Fuerte y sana es la mano
Cuyos dedos libremente se mueven y actúan
Y que en caso necesario sabe cerrarse
Y convertirse en unido y fuerte puño


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca recuerda la Disciplina Augusta, un concepto que leyó hace años. Pensando sobre ello saca estas conclusiones: elevada disciplina es la que sabiamente sabe imponer e imponerse no traspasar los límites, esta disciplina otorga poder y grado de poder equivale grado de libertad.


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, a Bicocca le viene a la memoria el dicho "ho posarem en quarantena". Dicho que muestra el carácter, el temperamento, del que tan sabia sentencia sigue y que manifiesta que ni negará ni dará por cierto lo que evidencia no tenga. Fuente de la sabiduría es la duda y asumir, vivir, el decir "no lo sé". Quien "en quarentena, sabe lo que procede en ella poner, más allá de las tomaduras de pelo está e inmune a ellas resulta.


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, a Bicocca le viene la ocurrencia de pensar sobre el propósito, la intención y el deseo. Enfocados a correctas metas nada más gratificante hay, aunque muy fácil resulta descarriarlos. Este trinidad empuja a la acción, resuelve el día a día, marcando un objetivo y evitar hay que tal objetivo un desatino sea. Cual barco sin rumbo en un vacío resulta ser quien sin propósito navega. Su acción o inacción impuesta le vendrá. Quien por el contrario su acción dirija, acompañado además se verá por el saber estar, por el sentido del deber, y de la impronta de la firmeza y de la fuerza resultantes se beneficiará, y sus tratos con los demás fluidos resultarán ya que siempre que se pueda dejará hacer, dejará que elijan.


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, leyendo el periódico del día y mientras toma un tinto de verano, Bicocca entra en un mar de dudas ¿el periódico nunca miente? ¿y si no siempre dice la verdad, qué creer y que no? y le viene a la memoria la irresoluble paradoja del mentiroso:

Se atribuye a Epiménides haber afirmado:

Todos los cretenses son unos mentirosos.
Sabiendo que él mismo era cretense, ¿decía Epiménides la verdad?
o:
Un hombre afirma que está mintiendo. ¿Lo que dice es verdadero o falso?
Abominable se considera a la mentira aunque con frecuencia poca trascendencia tenga, sí importa, en cambio, que intencionalidad y que fines persiga. Mentir puede ser necesario y hasta imprescindible y hasta es común el querer y hasta necesitar ser engañado.
Difícil también resulta establecer los lindes tanto de la mentira como de la mentira parcial, distintas interpretaciones y puntos de vista pueden tener.
Recordemos al sabio Poncio que preguntó ¿Qué es la verdad?


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias y mientras se toma una caña acompañada de una tapa de 7 olivas, Bicocca recuerda la frase "como el acero se forja el el crisol, nuestro carácter se forja en la adversidad" y esto le lleva a esta reflexión: quiero pensar en las adversidades inevitables, no en las probablemente más comunes producto de tirarse uno mismo un tiro en el pie; frente a estas adversidades inevitables uno puede hundirse, perder el control, desatar su ira, deprimirse u optar por cualquier otro fatal desatino.
Uno puede erróneamente pensar que la adversidad lo pone en el centro de un torbellino que incontroladamente lo arrastra e inerme lo deja. De diferentes manera las cosas pueden verse y como dice el proverbio, la adversidad puede servir para forjarse. Frente a la disyuntiva se puede elegir la mejor opción.


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca, mientras se toma un vermut, piensa sobre el manido "si no fos...". Felices, se dice, deben estar ahora los procastinadores, relamiéndose en lamentos debido a que la actualidad les impide llevar a término sus imaginarias ansias de acción y logro. Si no fuese por... cuantas cosas harían. En estos momentos su mayor dedicación y entretenimiento debe ser, como siempre, el de confeccionar listas de lo que, ay fatalidad del destino, no pueden hacer.
Fábrica de excusas y pretextos es la procrastinación y a lo que sea acusa para justificar la no decisión, la no acción y a no ver la realidad y a no ver que, por pasiva, optar por la no acción también es una decisión. Quien toma y ejecuta una acción puede errar, y que con ello cuenta, igual puede ser el resultado de la indecisión aunque no suele o no quiere contemplar que ello una factura vaya a presentar.
Fatal suele resultar la falta de decisiones consecuentes, como bien lo dice "la pobreza no necesita planes".


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca, mientras se toma un gin tonic acompañado de una latita de marca blanca, relee un poema de Así habló Templa y se pone a analizar la frase "La primera de las fuerzas que gobiernan el mundo es la creencia en que es verdad". Piensa: común es el decir "todo es relativo", frase que suena bien y chic queda quien la dice. Me parece una tontería, si te tomas un café con una dosis mortal de veneno morirás, pienses lo que pienses, creas lo que creas. Por muy grande que sea el consenso en el error en nada afectará a la evidencia. Claro es que la realidad, o una realidad, no es relativa y es el conocimiento, no el punto de vista ni el consenso, quien la desentraña.
La lógica nos dice que el error puede ser múltiple pero que la verdad sólo puede ser una. Cierto es para evidencias, como el café con veneno, aunque también muchas evidencias pueden no ser definitivas.
En el caso de las creencias, por muy firme que en ellas se crea, podemos aceptar que distintas se pueden considerar "verdad", y también aceptar que cada uno tenga "su verdad". Algo completamente ilógico aunque imprescindible para que las relaciones puedan funcionar.
Paradójicamente, según lo dicho, se cree en la verdad del sistema propio de creencias, y la realidad, por absurdo que resulte, se verá, cual usando gafas filtrantes, a través de ellas, ya se trate de creencias metafisicas o lo más nimio, cual es el mejor tinte de pelo.
Gran resistencia hay a cuestionar creencias establecidas, lo nuevo que se aprenda a ellas se acomodará y se rechazará lo que las contradiga, quizás hasta la violencia. Los demás se valorarán, se apreciarán o despreciarán, según su comportamiento e ideas concuerden con las propias.
Las creencias, por muy santas que se crean, profundizando en ellas, presentan más incongruencias, más agujeros que un gruyere y quererlas llevar a sus últimas consecuencias resulta desastroso.
Cree y haz lo que te convenga y deja que los demás hagan lo propio. Házte un favor: manda a dormir al apóstol que llevas dentro.


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca, mientras contempla la foto del artístico dibujo de una huyente berenjena que, se dice, amablemente me ha sido enviada y que espero haya sido sin segundas intenciones.
Preciosa berenjena, huyendo como te muestras bien podrías el ser icono de la campaña "stop vegetable abuse".
Apreciada berenja, huir pareces de quienes te ven como promotora de la lujuria y que como tal rumores hubo de que serías proscrita para evitar arrastrar a almas sensibles al desvarío.
La lujuria bien puede ser una manifestación de la hybris que expulsó al hombre de la Edad de Oro. ¡Ay la desmesura! Tanto por defecto como por exceso fatal resulta. Lujuria, preciosa palabra, queremos que un placer nos sugieras, nos prometas, un placer que sabe estar libre de hybris. ¡Oh divina berenjena!


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca, tomando un aperitivo consistente en vino fino y patatas fritas de bolsa, recuerda el extraño sueño que ha tenido. Se encontraba en una cueva teniendo un diálogo con una estalactita, a que como despedida le dedica un poema.

¡Oh estalactita!
No hablas aunque como todo vibras
Con tu propia y única vibración
Existes aunque esto no sabes
Eres preciosa aunque no sabes que belleza es
Más de cien mil años tienes aunque el tiempo ignoras
Adulta ya eras cuando la civilización humana comenzó
Y quizás su fin verás
Muy diferentes parecemos o somos
Aunque de la misma sustancia hechos estamos
Y cada día ambos otro un poco somos
Y también el misterio del ser compartimos


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca piensa en la tarde en que estuvo tomando unos vinos con M. H. Tilín en la terraza de la Cafetería Santagloria en la Plaça Espanya. Se ríe cuando recuerda el momento en que Tilín dijo, refiriéndose a un perro de una mesa vecina, "tiene cara de muy buena persona". Razón tenía, era realmente una cara que mostraba una gran bondad, aunque seguramente atribuir tal cualidad al perro es una tontería ¿...?.
Se dice que la cara es el espejo del alma; también se presume que el bonachón es algo bobo ¿compartiría el perro esta cualidad?.
Una cara de bueno resulta útil para convencer, vender y también para engañar y estafar. Se justifica al engañado o estafado diciendo que es muy buena persona, y uno mismo también por lo mismo se autojustifica. También a quien es o muestra un comportamiento "desviado" se le suele justificar diciendo "pero es muy buena persona" aunque no lo sea ni más ni menos que el común general.
Considerarse uno mismo bueno y señalar a quienes no lo son gratificación produce.
Gran apluso merece el ser bueno, aunque resulte difícil definir que tal cosa es y algo también sujeto a distintas interpretaciones. Ser muy buena persona también puede significar comportarse como pilar de como se "debe ser" de acuerdo a la moral imperante.
Poco relevante, se dice Bicocca, me resulta tal supuesta bondad; más me importa que no se me pongan en contra por cuestión de creencias personales o ideologías o sin causa real, y mucho más que al "bueno" aprecio al que sabe mostrar respecto y saber estar.


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca, mientras se toma un vermut con sifón, piensa con añoranza en el último día en que vio a Llüisa en el Antic Ripoll y en las partiditas que de ruleta que allí se jugó.
¡Mágica Ruleta! tiene 36 números, 36, cuya suma de sus cifras es 9; 3-6-9, los números que todo secreto encierran según Tesla; y la suma de 1 hasta 36 da 666, el número del Señor de la Luz. El juego de la ruleta es equitativo: el grado de riesgo se corresponde proporcionalmente con el de ganancia.
La ruleta viene a ser una metáfora de los hechos de la vida: si continúas jugando a un número acabará tocándote; estadísticamente 1 de cada 36 tiradas; nos enseña por tanto el determinismo de la estadística.
Viene a decir lo mismo que el refrán "tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe". La pregunta, en este caso, no es si se romperá o no, sino cuando se romperá.
Todo sujeto al determinismo estadístico está, aunque aparentemente los hechos parezcan libremente actuar y ninguna conexión entre si tener. Si decides, por ejemplo, comer una madalena, acción sujeta a diversas estadísticas está, al igual que si no la comes. Todo hecho atado está a patrones estadísticos.
Una moneda no tiene memoria y si la tiramos, las secuencias de resultados de cara o cruz, aparentemente aleatorias, obedecen a la estadística.
Un gran regalo, una gran herramienta nos da la estadística: el sorteo. Nada más imparcial hay, nada más libre de mangoneos, de ahí su poco uso y su poco predicamento, aunque resulta ser una técnica, la más barata, que mejores resultados suele ofrecer.
¿Puede haber alguna fuerza o mecanismo desconocidos que puedan influir en los resultados del sorteo? Experimenta: concéntrate en un resultado ¡y a ver que pasa!.


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca, mientras se toma un palo con sifón (afortunadamente se aprovisionó de palo antes de su escasez), reflexiona sobre lo dicho por el Sr. Merdel en la llamada que le acaba de hacer.
Muy preocupado, más bien muy afectado, está el Sr. Merdel por el cierre de los gimnasios. Teme que la falta de entrenamiento destruya su atractivo físico y que ello acabe con sus aspiraciones de seducir a jóvenes en discotecas, que por ello deje de ser objeto de deseo y especialmente, y que como resultado de ello dejen de sentir placer sus parejas carnales, limitadas al sexo de pago.
Aclarar cabe que el Sr. Merdel tiene setenta años largos, luce una portentosa barriga y con justicia se puede decir que el atractivo le abandonó quien sabe cuando, si es que alguna lo tuvo. Menos mal que las fantasías son gratis. Uno ve en el espejo lo que quiere ver y que no suele coincidir con lo que ven los demás.
También el Sr. Merdel piensa que la ausencia de gimnasio, preocupación muy por debajo de la belleza, puede afectar a su salud, y al hacerle yo notar que, como ejemplo, los cardenales suelen gozar de una notable longevidad con un envidiable estado y que más bien dan la impresión de no haber pisado nunca un gimnasio ni de dedicar su vida a dietas, me contesta diciendo que estas personas tan importantes, y que debido a su importancia, gozan de la protección de Jesús con objeto de que pueden continuar con su meritoria y sacrificada vida en pos del Bien ajeno.
Verdadera fábrica de perlas de Mallorca resulta ser el Sr. Merdel. Compartí sus tribulaciones y delirios y asentí a sus afirmaciones, ya que apreciado resulta ser quien aplaude y el aceptable coste de aplaudir a lo sumo es una pequeña mácula a la vanidad.
Solemos creer que la edad acumula experiencia y conocimientos y por tanto otorga sabiduría. El Sr. Merdel es un ejemplo, para nada excepcional, que lo desmiente y que también me lleva a pensar, quizás de manera optimista, que lo que se da por cierto y lo que se dice es en un noventa por ciento fantasía.


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca, mientras se toma un carajillo de Amazonas, piensa en el feliz día en que podrá volver a los bares, y aquí procede señalar la especial debilidad que siente Bicocca por los locales que ostentan en su nomenclatura la palabra Café. La posibilidad de poder salir a correr en nada le importa.
Para muchas personas los bares son como sus segundas casas; para Bicocca son su primera, es persona de las que se dice que la casa no se les va a caer encima, sobretodo así era en el ayer, cuando la noche estaba viva, cuando no tenía fin.
Viendo desfilar la calle desde un bar, dice Bicocca, y especialmente el oír las conversaciones de las mesas vecinas, viene a ser como estar en la mejor escuela; para nada se oyen los tópicos ni los sermones sobre lo que se debe considerar correcto; quien en un bar predica tales cosas se le ve como si le faltara un agua.
En los bares se mantienen conversaciones con conocidos y desconocidos y son lugares en donde se prodigan las risas y el jolgorio. Ideal resulta la barra del bar para establecer relaciones y, cómodamente fumando y tomando un cortado en la terraza, se puede fantasear contemplando un grano de azúcar, que en el café se deleirá, cual microcosmos que encierra los principios y misterios del universo; las mismas fuerzas, energías, átomos, quarks, cuerdas y quien sabe que más, allí está.
"La imbecilidad sólo se destruye cuando se comprende su ridiculez", alguien dijo. El bar resulta ideal para a ver y oír imbecilidades e imprescindible resulta conocerlas y dilucidarlas para combatirlas. En primer lugar en el podio de las imbecilidades pondría la necesidad de producirse inquinas, rencillas y enfrentamientos absurdos y sentimientos estériles y sobretodo el sentimiento de placer por el mal ajeno. En cada visita al bar algo aprenderás y un paso adelante podrás dar en el camino de destruir tu imbecilidad.
Lo más útil y práctico que ofrece el bar es la posibilidad de practicar la cortesía y el saber estar, cuyo mayor logro a conseguir, por difícil que ello te pueda resultar, es el de ser cortés con todos por igual por encima de toda consideración. Si tal logras a todas partes siendo bienvenido irás ¡Un brindis!.


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca, mientras se toma un combinado de fernet con cola, se pone a pensar sobre el síndrome de la cabaña, del que se ha enterado por la televisión y que se ha puesto de actualidad. Concretamente se referían al problema psicológico que podría suponer para algunos temperamentos el abandonar el confinamiento por miedo al peligro del exterior.
Muchas cosas me sugiere, dice Bicocca, la cabaña; Eros y Thanatos, Eros sería el querer salír de ella y vivir desarrollando el exterior asumiendo los riesgos que ello implica, Thanatos anhela el estar en su interior, como un retorno cual feto a la seguridad del seno materno, y sentirse al abrigo de peligros y tensiones.
La reclusión en la cabaña la vivirá Eros como si fuera un preso y Thanatos con la satisfacción de sentirse protegido de un exterior hostil y peligroso. El cabal Eros sobrellevará la reclusión en caso de necesidad hasta el punto que la sensatez así lo dicte. El miedo puede llevar a Thanatos al sinsentido, y cediendo a sus pulsiones, puede salir de la cabaña desafiando a la prudencia y a encerrarse en ella, de modo irracional, innecesariamente.
Los hay que se encierran en la cabaña, viviendo un arresto domiciliario autoimpuesto, como medio de defenderse de ellos mismos, de su falta de control. Al igual que quienes con la misma finalidad abogan por prohibiciones.
La cabaña puede simbolizar el espacio aislado en donde se desarrollan convivencias en infinitas formas, muchas de ellas difíciles, hasta el punto de buscar, con los pretextos más banales, vivir en el conflicto. Displacer como forma enrevesada de placer.
Cual agujero negro es la cabaña, un espacio del que no será posible saber que sucede cuando no sea observable. La suposición querrá llenar el hueco y con frecuencia la dará por cierta porque se la quiere creer. La cabaña será así la versión doméstica de los gabinetes incognoscibles, y hasta ignotos, en donde se toman decisiones. La estupidez presenta la paradoja de necesitar ser engañada al tiempo que aspira a saberlo todo y no admite el desconocimiento y así cree que nada puede escapar a su ojo y a su comprensión. La estupidez quiere erigirse en juez supremo.


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca, mientras se toma un campari con naranja piensa en las cifras, tan de actualidad. Las matemáticas no pueden mentir, se dice Bicocca, 2 más 2 son cuatro y nada más puede ser, aunque las cifras, no se discernirlo, pueden que no sean una matemática exacta. ¿Es lo mismo mostrar las cifras en tinta roja, verde, amarilla o tinta invisible?.
Entonces recuerda Bicocca la conversación que mantuvo un tiempo atrás en el bar Es Trasto en la plaça Espanya con Práxedis. Más que una conversación fue monólogo, una explicación por parte de Práxedis.
Dicen que las matemáticas son el lenguaje de Universo, diserta Práxedis, puede que así sea aunque también podría ser que sólo lo fuesen parcialmente o que fuesen solamente un herramienta de la mente humana. Las matemáticas las vemos en todo, todo parece convertible a matemáticas, ¿pero es eso todo? ¿no tienen límites las matemáticas?, parece ser que sí.
Hay quienes dicen que el Universo es un ordenador cuántico ¿pero no hay nada más allá del mundo cuántico?. Claro parece que no todo lo sabemos y que buscar una teoría del todo es una futilidad ya que evidente parece ser que todo cambia constantemente, nada es estático, y por tanto si llegases a poder establecer el conocimiento de algo en un momento dado inmediatamente dejaría de ser válido ya que habría cambiado. Puede que el cambio afecte también a las leyes fisicas y a la mecánica del Universo, lo que implicaría que el conocimiento del mismo no puede ser nunca total aunque por ello no útil sea lo que se aprenda.
En el día a día es también así, por ejemplo, la persona que has tratado hoy puede que haya cambiado un algo o un mucho dentro de una semana, pero habrá cambiado. Y así todo.
Vemos todo lo externo a nosotros como si fuésemos espectadores de algo ajeno, se trata de una ilusión, ya que somos un trozo del todo existente. Viene a ser como si un muñeco de arena viese la playa como algo observable y ajena a él y pensase que su destrucción como muñeco es un fin al que debe temer. Seguirá siendo arena, un trozo de playa y de lo que la arena y la playa han producido y producirán en un movimiento y un cambio constantes. Nada impide creer, si a uno le place o le conforta, que vive en la eternidad.
La cabeza me bullió, dice Bicocca, sólo me quedó claro que todo hay que cogerlo con pinzas.


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca, mientras se toma el cocktail Maricopa, repasa mentalmente lo visto en el día de ayer en televisión, como cada día se pasó interminables horas frente a la caja, tantas que hasta en sueños la ve.
De sus disquisiciones le viene en pensar sobre las caricaturas. La caricatura, se dice, viene a ser una expresión exagerada y humorística que muestra o denuncia algo y que con este formato consigue evitar ser tomada como ofensa.
Podemos extender que la caricatura está verdaderamente en mucho de lo que vemos y de lo que tenemos a nuestro alrededor. Quien está fuera de lugar resulta ser una caricatura y con frecuencia objeto de mofa. Recuerdo la figura del nuevo rico, una caricatura que imitaba, y que incluso quería superar, el comportamiento del rico de siempre. Caricatura es también la puesta en escena de la joven entrenada para imitar los modos de la alta sociedad y cuya impostura es descubierta por la tía de su enamorado entrenador debido a la excesiva perfección su de ejecución.
Paradojicamente, es el deseo importancia y reconocimiento el que lleva a uno convertirse en caricatura y a ser considerado esperpéntico.
Si impostura equivale a caricatura, entonces mucho de lo que vemos y se nos presenta son caricaturas, especialmente quien y lo que pretende ser más solemne, serio y más aunténtico. Los títulos también suelen ser caricaturas, imposturas de la autenticidad, como ejemplo el nombre de la novela La Princesa y el Mendigo, en honor a la verdad debería llamarse La princesa y el mendigo que está muy bueno. Si el mendigo no estuviese bueno ni la novela ni su película tendrían sentido.
También gran parte de nuestra propia actuación es caricatura y hasta puede que frente al espejo no seamos capaces de distinguir que es o no es caricatura.
Suena el teléfono y una voz me dice que quiere ofrecerme algo muy beneficioso para mi. Doy las gracias y cuelgo. Seguidamente compruebo que, felizmente, la televisión vuelve a la normalidad: una experta está diciendo que las temperaturas que vienen no son normales.


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca, mientras toma una copita de cava con sprite recuerda lo dicho por teléfono por su amigo, estilista culinario, respecto a como ha llevado las últimas semanas. Bicocca decide que merece ser resumido, en primera persona por el narrador, en un poema para deleite, especialmente para la posteridad.
Feliz recibí la noticia de unas forzadas vacaciones
Aún aunque recluidas iban a ser
Muchas cosas en casa me dije que haría
Aunque la indolencia lentamente progresó e invadió
Platos nuevos para deleite de mis convivientes haría
Y al poco sólo con el home delivery y los antojos me motivaban
¡Qué rico! repetía cuando una comida que no podía tener en la tele aparecía
Y así aprendí que nada peor para el deseo la abundancia es
Cuando me decía que un alegría al día tener debía pero que conseguir no podría
El querer conseguir y no el tener es lo que al deseo excita
Mucho la masa muscular me preocupa
Y buenas intenciones que nunca se complían para el día siguiente tenía
Las largas semanas de hogar y sofá me han enseñado
Que pantallas y teclados nunca cansan y que a todo te adaptas
Y asi todos los pequeños rituales diarios un montón disfrutaba
En sueños he visto que el trece de marzo no volverá
Y que del presente una nueva realidad, quizás más eficiente, emergerá
Aunque en bares y en el mundo en general
Tu edad y de donde eres los nuevos conocidos como siempre que te preguntarán
Y con el paso de los días un impensable anhelo me embarga
Lamer las mieles de mi rutina diaria de tomates cortar
¡Benditos tomates!


Desde su balcón en el 5°; ¡oh! el vecino del 5°, ese oscuro objeto del deseo; contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca, mientras toma una copita de menta se siente como en un funeral debido a la noticia que ha visto en IB3: las discotecas de Es Jonquet desaparecen. Recuerda que fue en 1976 cuando se abrió La Escafandra, la primera discoteca de "ambiente" como entonces se llamaba. En pocos años pasó a llamarse Mykonos, quizás su mejor época, y más adelante Gigoló, con nueva dirección en cada ocasión. Posteriormente se abrieron otras discotecas con el mismo enfoque y funcionando simultáneamente llegó a haber tres, abiertas todos los días del año. Al final sólo quedó una, sólo sábados noche, hoy desaparecida
El fin de un ciclo, piensa Bicocca, el cierre de Riu fue una señal. El modelo de discoteca quizás ha pasado a la historia, al igual que sucedió con las salas de fiestas, los night clubs, los cabarets...
Ya veremos que viene, si es que viene, tal vez el futuro es quedarse en casa.
Levantando la copa, Bicocca hace un brindis, Requiescat in pace "ambiente".


Desde su balcón, contemplando la calle prácticamente desierta debido a las circunstancias, Bicocca, mientras toma una copita de brandy y, debido a lo que le ha parecido advertir últimamente, piensa a que la felicidad ha crecido en el mundo.
La felicidad, se dice Bicocca, es algo que con frecuencia oyes nombrar y anhelar aunque creo que imposible de definir. "Yo sería feliz si..." dicen quienes creen que la felicidad les vendrá como consecuencia de un logro. Creo que tal idea es ilusa, más bien coincido en que la felicidad, como leí hace años, está siempre para quien la persigue en el solar de al lado, aunque por variadas razones y circunstancias uno puede tener momentos de especial satisfacción y contento. Cuando vemos a alguien reir o sonreir o mostrar contento pondríamos decir que está feliz... o al menos lo parece.
Veo que vecinos y transeúntes sonríen y ríen un montón mirando el móvil, mucho, mucho más que antes me parece. ¿A que puede ser debido?. ¿Será que disponen de más tiempo, dadas las circunstancias, para expandirse en chateos y cotilleos? ¿Será que el aburrimiento hace parecer cualquier cosa más divertida?. ¿Están haciendo nuevas relaciones, algo siempre prometedor, sugestivo y excitante?. ¿Gracias a largos whatsapps ríen porque descubren que los demás son más tontos que uno?. ¿Desaparecerá tanta sonrisa, tantas caras risueñas, con la "nueva normalidad?. Sea como sea, a no ser que muestre que a uno se le va la pinza, reír no tiene contraindicaciones, todo lo contrario, y puede constituir un antídoto ideal para evitar tener que comunicarse con los psicólogos gratis que han puesto a nuestra disposición... a no ser que se vaya la pinza, y tampoco, ya que ahora recuerdo al señor que hablaba con nadie por teléfono lo que no le impedía dirigir hoteles.
La realidad presente ha evidenciado que para una inmensa mayoría, nada es para todos, WhatsApp es la herramienta, omnipresente, por excelencia para combatir el aburrimiento, una de las grandes lacras humanas, y desatar la risa. Puede que WhatsApp sea para estos afortunados una eficaz vía, posiblemente la mejor hasta hoy en la historia, para acariciar la felicidad, ser un camino de retorno al paraíso perdido y, junto con otras Apps, presentes y futuras, alcanzar un virtual Jardín del Edén.... y sin tener que salir de casa.


Desde su balcón, contemplando la calle ya no prácticamente desierta debido a las circunstancias, celebra Bicocca el final de pasarse los días como una estatua, tomándose un daiquiry con plátano y un croque monsieur.
Un rato más tarde toma el bus para ir a encontrarse con Tutia Alvarez. Ya en el autobús recuerda la conversación telefónica en la que hicieron la cita, en ella Tutia, que en todo ve oportunidades de negocio, le dijo "el sexo con extraños ya no es posible, tal vez el 69 y la postura del perrito permitan mantener las distancias mínimas aunque tengo mis dudas. Dinero se podría ganar haciendo unas guías para diferentes colectivos con ideas de sexo alternativo. Se piensa que el sexo se reduce a lo genital cuando realmente lo importante es la fantasía que excita la mente. Los asuntos de las partes nobles buena parte de nuestro tiempo ocupan y muy poco sin embargo se dedica a la práctica del acto en si. Sin deseo el sexo es un acto mecánico, una reacción fisiológica básica. Infinitas variedades ofrece el sexo, inverosímiles son las que a uno nada le dicen, como por ejemplo frotarse con un árbol o hacer de alfombra para ser pisado. Podríamos decir que sexo explícito es para uno mismo todo lo que puede ser tema de paja. También el sexo es motor de muchos comportamientos aunque así no se reconozca. Las guías ofrecerían ideas que servirian para estimular la imaginación y descubrir el poder realizar actos y sutilezas que nunca se hubiesen contemplado y que además de resultar estimulantes se podrían fácilmente llevar a cabo y reemplazarían otros que las circunstancias, físico, edad..., descartan. Incluso se puede ejecutar una interacción en la que lo que para el interesado es sexo nada significa para la otra parte.
¡Fantástico! ¡Maravilloso! se dice Bicocca. Ansío ver estás guías, espero me descubran deseos ocultos ignorados por mi, nuevas fuentes de placer nunca contempladas. No había caído en lo que para uno es sexo no lo es para otro. Muchas posibilidades esto ofrece ya que así pueden tomar parte de fantasias a las que de otra manera no se prestarían. ¡Oh divinas sutlidades! Un nuevo mañana de acción y conquistas me ha hecho ver Tutia Alvarez. ¡Aleluya!


En el Kebab Universal, en la calle Blanquerna, se encuentran Bicocca y Tutia Alvarez y se toman sus primeras cañas en una terraza después de los dos meses en que han estado desaparecidas. Al rato las acompañarán con un saciante Pide.
Su conversación arranca con Bicocca comentando lo dicho por Tutia por teléfono, que al respecto contesta "para redondear el tema te diré que mucho más que el polvo se busca el gustar, el triunfar, engordar la vanidad; o también se actúa obedeciendo un cuelgue".
Bicocca comenta las imágenes que ha visto en la tele de museos llenos y otros lugares aglomerados, imágenes del pasado, claro, y se me ha ocurrido que la mejor manera de evitar la excesivas concurrencias es subir el precio, lo cual compensa la bajada de ingresos que conlleva. He pensado que una mayor separación de mesas en restaurantes y bares ofrece una mayor intimidad a las conversaciones de sus clientes. Una ventaja no menor, muchas veces nos hemos visto autocensurados porque la mesa vecina de todo se enteraba, una gran incomodidad. Para compensar el menor aforo los restaurantes deberían subir precios a quienes deseen disfrutar de comer en el local y a un mejor precio servir para llevar. Esto les ayudaría a compensar el efecto fin de semana, en el que el aforo limita los ingresos. Una simbiosis con los bares es la solución. Estar el mundo en lugar de quedarse en casa es la motivación primera de quienes quieren cenar afuera. Se comería en un bar la comida del restaurante preferido, su beneficio estaría en vender las bebidas o cobrar un extra por el servicio. Un bar ofrece mayor informalidad que el restaurante, mayor posibilidad de jolgorio y así también, indirectamente, ser el restaurante con la mejor y más extensa oferta... y sin que le den la culpa si la comida no satisface.
Excelente idea, dice Tutia. Podríamos decir que básicamente bares y restaurantes alquilan un espacio a sus clientes; diferente es vender para llevar, en cuyo caso el local funciona como tienda y puede atender a un número mucho mayor de clientes.
La competencia de bares y restaurantes no son los otros locales, es el sofá. Un principio básico de marketing dice que tus clientes están muchas más veces en otros lugares que en el tuyo. Otro principio nos dice que jugar a competir en precios, de forma general, es un juego de perdedores, aunque el precio es pieza fundamental. Consigue clientes quien sabe brindar una oferta que atrae a un público: un ambiente, un estilo, un decoración, una música, unas especialidades... Ningún restaurante se hará célebre por tener una carta larga y una oferta insulsa, pero sí por ofrecer algún plato memorable: unas lentejas, unas croquetas... que merezcan un 10, y por no dar nada que no merezca un 7. Me gustaría saber donde poder comer unos huevos con patatas bien fritos y acompañados de buen pan. Especializarse es la clave de la excelencia en producto y servicio. El cliente que ese día quiera algo diferente, pues que se vaya a otro sitio. No se puede pretender atender y satisfacer a toda la ciudad.
Quizás es buen momento para abrir los ojos, coger papel y lápiz y hacer números, y pasar a la acción, no algo al alcance de todos.


Mientras se toma un vermut en la terraza del Goa, Bicocca se pone a pensar en lo oído en la tele. Resulta que un sabio del pasado afirmó que la Tierra no podía ser redonda, ya que si así fuese los que viviesen abajo se caerían. Un anuncio termina formulando la pregunta de si puedes imaginar tu mundo sin aceite de oliva y otro anuncio termina también afirmando "estamos abiertos para ti"; afirmación que podría tener distinto significado en labios de Boquitas Picantes. Maravillosos anuncios, se dice Bicocca, una bocanada de alegría en un medio paraíso de chorradas y embustes.
Lo de que quien cuelga boca abajo se se cae, es una lógica que todos suscribimos, y lo que falla en este supuesto no es su lógica sino la falta un conocimiento: la acción de la gravedad. Identificamos lógica con verdad, lo lógico se supone cierto y viceversa, e inteligente se ve a quien saca conclusiones lógicas. Si probamos de escarbar en cualquier temática: política, economía, historia, geografía, ciencia, clima, pájaros, peces... prontamente nos encontraremos con la inmensidad de nuestra ignorancia, y consecuentemente podremos deducir que muchas lógicas por falta de conocimientos errarán, como la del sabio mentado; a estas lógicas de ignorancia podemos añadir las lógicas ilógicas, las lógicas absurdas, las lógicas tontas, las lógicas fantasía, las lógicas anillo al dedo, las lógicas personales, las lógicas ideológicas, las lógicas tópicas..., aunque de lógica resulta que nuestro día a día de ellas no necesita, al igual que tampoco necesita de saberes como la forma de la Tierra o conocer cual es la capital de Kiribati, por ejemplo.
Lo que útil resulta para desenvolvernos en la vida y también para decidir sobre verdades y falacias es dilucidar que tiene o no tiene sentido y en su caso si resulta práctico o no. Práctico es, por ejemplo, que una vez tu lógica te diga, y tengas claro, que es para ti placentero y conveniente, no entrar a discutir las lógicas ajenas, dar a entender que la verdad la tienen los demás.
Esto es fácil de decir y difícil hacer. Actuar combinando placer con conveniencia y evitar inútiles confrontaciones va contra pulsiones como la vanidad y la soberbia. El sentido común no suele alimentar el ego y por tanto no resulta gratificante. Más gusto da optar por la tontería, obviando la lógica que dice que suele salir cara. La tontería ensalza el ego. Ay, la tontería es divertida.


En la terraza del Café del Foro, mientras se toma un cortado y un coñac y se fuma un cigarrillo, sonriendo, recuerda Bicocca la ocurrencia que ha tenido cuando desde el bus vio un letrero que rezaba Panadería y Bollería y pensó que para que tal letrero fuese inclusivo se le debería añadir "y Mariconería", ja, ja.
Bicocca empieza a rumiar sobre el "Glamping" que ha visto en la tele. Si hay público, se dice, se podrían crear todo tipo de negocios identificados con tal prefijo: Glambar, Glamtaurant, Glamtel, Glamtal, Glamcual...
La oferta del Glamping (camping con glamour), piensa Bicocca, no debe ser, debe ir más allá de la conveniencia y la practicidad y encima huele a caro. Todo lo contrario de lo que buscaba uno que conocí hace años y que decía que su mayor deseo en la vida consistía en tener los medios para poder vivir en hoteles de una estrella, comer y beber por ahí y en que todos sus bienes se limitasen a lo que cupiera en una maleta. Nada nuevo, cuando las pensiones y hostales abundaban, parte de sus clientes eran residentes fijos por meses y hasta por años.
Lujo, recuerdo que leí una entrevista a un cocinero a domicilio para ricos de los veranos ibicencos en la que afirmaba que el verdadero lujo era el poder hacer lo que a uno le da la gana, no la marca del reloj.
El Glamping debe pretenter lujo y elegancia, aunque no una elegancia en el concepto que afirma que, al igual que su pariente la cortesía, deben ser, cual preciosos perfumes, casi imperceptibles. Leonardo dijo que la sofisticación suprema es la simplicidad. Difícil resulta creer que tal sofisticación busquen los clientes del Glamping, que allí acudan para vivir una experiencia cuasi ascética. Me da que quienes acuden a un establecimiento con sello de glamouroso, principalmente van para encontrarse con sus supuestos pares glamourosos.
Estableciendo un rango de exigencias, el glamour estaría en un extremo y la simplicidad en el otro. El glamour quiere visibilidad, busca ser admirado y presume de transparencia, ya que su sentido del orden, sus rutinas, sus pautas, sus gustos, sus limpiezas, actos y puestas en escena cree son verdades universales a las que uno se somete y a las que sobre todo se deben sometar los demás, y de ellos el glamouroso se convierte en estricto juez. El glamouroso vive entre euforias y desánimos según el mundo responda a sus expectativas; mundo estrecho y limitado a los lugares y personas que se cree cumplen los requerimientos ideales.
Quien bajo el manto de la simplicidad está, dado el caso, casi imperceptible, en todas partes y en todas circunstancias, con similar desapego, puede estar, sabiendo de cada situación disfrute y aprendizaje, gran placer para su mente, extraer. Farsante por naturaleza, el simple siempre sabrá estar y quedar bien, y sometido como todos a su sistema de creencias, obedece al mandato que Benedicto dixit: "¡Aleluya! ¡Aleluya! y que cada uno mee con la suya", aunque no siempre resulte fácil evitar, si no se desea, que a uno le meen encima o cerca.

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